viernes, 15 de febrero de 2019

Escuela de Frankfurt: cultura de masas

La escuela de Frankfurt, estuvo formada (en sus inicios) por un grupo de investigadores apegados a las teorías de Marx, Hegel y Freud, todos ellos constituidos en el Instituto de Investigación Social, inaugurado en 1923 en Fráncfort del Meno. Los principales exponentes (de la primera generación) son Theodor Adorno, Jurgen Habermas y Max Horkheimer, siendo este último el autor de la Teoría tradicional y teoría crítica, obra que dio pie a un progreso teórico ininterrumpido.  
Dentro de sus objetivos, la escuela de Frankfurt pretendía renovar la teoría Marxista de la época, bajo una visión crítica, el desarrollo interdisciplinario y la reflexión filosófica de la practica científica, ello, respondiendo al contexto político económico de la primera mitad del siglo XX. En el cual estudiosos marxistas, criticaron el uso de una pequeña parte de los postulados de Karl Marx en defensa de los partidos comunistas más ortodoxos. El énfasis que adquiere el componente crítico dentro de la teoría en el instituto, parte de un intento por sobrepasar los límites impuestos por el positivismo, el materialismo vulgar y la fenomenología mediante la reivindicación de los postulados filosóficos de Immanuel Kant y los principios de la ilustración. 
El ascenso del nazismo al poder, el genocidio, el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el autoritarismo en el sistema socialista, así como el desarrollo del capitalismo avanzado conformaron el contexto que dotó de sentido la crítica social de los discursos Frankfurtianos, su producción teórica cimentada sobre la teoría crítica cuestionaba las tendencias políticas y la estructura económica del orden internacional, asimismo, se analizaron las promesas de la modernización en el proyecto original de la ilustración y su contraste con las tendencias del capitalismo avanzado, donde “la humanidad (...) no solo no ha avanzado hacia el reino de la libertad, hacia la plenitud de la ilustración, sino que más bien retrocede y se hunde en un nuevo género de barbarie”
           
En su obra Dialéctica de la ilustración, Horkheimer y Adorno hacen un análisis exhaustivo de la cultura contemporánea, donde tratan, de igual, forma la llamada industria cultural (la ilustración como engaño de las masas). Los autores comienzan por plantear una serie de preguntas entorno a un posible caos cultural producto del orden precapitalista, no obstante, rechazan la idea al platear que “la cultura marca hoy todo un rasgo de semejanza. Cine, radio y revistas constituyen un sistema. Cada sector está armonizado en sí mismo y todos entre ellos”. A esto se refieren con la existencia de una industria cultural.  
La industria cultural está fuertemente ligada con el sistema capitalista, el desarrollo tecnológico y los medios de comunicación. Por ello, la cultura de masas propone una serialización y una masificación, que se refiere a una producción en serie, a una estandarización de gustos, ello, tiene como consecuencia la perdida de la individualidad para fundirse como individuo en una masa homogénea o cultura alienante que pasa a ser una mercancía. 
Toda cultura de masas bajo el monopolio es idéntica, y su esqueleto, -el armazón conceptual fabricado por él- comienza a dibujarse (...) El cine y la radio no necesitan ya darse como arte. La verdad de que no son sino negocio les sirve de ideología que debe legitimar la porquería que producen deliberadamente. Se autodefinen como industrias